La izquierda y el perdón
Por primera vez, y sin que esto sirva de precedente, comparto las palabras de ese personaje con cara de anchoa que responde al nombre de una conocidísima marca de embutidos, el cual afirma sobre la trifulca de la pasada Cumbre Iberoidiota que "el Rey hizo de presidente y el Presidente de rey". Con esa frase (no hay que ser un hacha de la analítica política para firmarla) despachó el Presidente de Cantabria uno de los incidentes diplomáticos más graves, sino el que más, vividos por España durante las últimas décadas. Una vez dicho esto, se posicionó afirmativamente respecto a la conveniencia o no de la vociferante actitud real.
Pero la semana fue avanzando y la posición de la izquierda cambiando. Lo que en un principio, desde el mismísimo día de la bestia, se tradujo en un apoyo total a la acción del Jefe del Estado, hoy, una semana después, se ha tornado en reproches al Monarca por aquella actitud, y por la cual el Gorila Rojo ya ha pedido una disculpa pública de don Juan Carlos y por ende de España; para ello no ha dudado en utilizar ese victimismo histórico que sólo la izquierda maneja tan profesionalmente.
Quizá este cambio en el núcleo pensante de la izquierda se deba, entre otras razones, a la cerrada defensa de la Monarquía que ha hecho sobre ese respecto la totalidad del centro-derecha, incluida la Cadena COPE. Eso, y las ansias por pedir perdón sobre todo lo referente a la Historia de España, han hecho posible ese cambio de criterio que hace la cosa mucho más acorde de lo que hasta ahora estábamos viendo. La cabra, tarde o temprano, tira al monte. Y hay muchos que ya corren a coger sitio.
Entre los exabruptos del Gorila Chávez y el exabrupto de don Juan Carlos, existen quienes dudan y quienes no. Los que están con uno o con otro suelen ser los de siempre, aunque siempre han habido -como hoy- bufones de la corte que hacen de sus volteretas su política y de sus anchoas su carné.
Y por último: todo esto se comprende si tenemos presente que en España siempre ha habido partidarios de pedir perdón por la Reconquista ¿insidiosa?; por la evangelización de las Américas ¿asesina?; y si se pone a tiro hasta por la visita Real a Ceuta y Melilla ¿provocadora?. Ese es el fruto resultante cuando se mezcla complejo con memoria histórica... Y Chávez también tiene la suya, aunque en ella también mezcle embutidos con salazones.
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Llega el ocaso de la legislatura y a la intemperie hace frío. El PSOE, en su afán de identificar al PP con el franquismo, se olvidó de enarbolar la Bandera Nacional que tanto finge representar. Ahora, el PP la iza casi con derechos exclusivos y a los sociatas les entran los escalofríos siberianos que, a modo de ridículo institucional, no saben cómo disimular sin sonrojo. (Difícil solución, alterar a estas alturas de la película el ADN sociata).
Ahora y a día de hoy queda en el aire el término Nación. Si el Rey representa al Estado por lo explicado anteriormente, la Nación debe ser el Pueblo: el mismo que se levantó el 2 de mayo contra el invasor francés y unos meses antes contra el Borbón y su ministro traidor, con la diferencia de que hoy en día la Nación sale de las urnas... temblad. En definitiva, zETAp es la Nación. Lo cual hace que nuestra época sea un bicho que amenaza con devorarnos de un bocado y convertir a España en un inmenso nido donde habitan más de 40 millones de signos de interrogación.
Es el tic del tonto, del mediocre, del que no da para más. Tras arrastrar a parte de los españoles a votar en referéndum ese bodrio de Constitución Europea que él mismo adoptó como propio aunque apoyado, todo hay que decirlo, por el PP o ,mejor dicho, por sus complejos, ahora nuestro zETAp se nos desmarca de aquél texto hueco; suelta el lastre que le acarreaba el histórico ripio fracasado y se echa en brazos del acuerdo de mínimos que le propuso Sarkosy en su última visita hace unos días y que viene a sustituir de buenas a primeras aquél supuesto tratado Sacrosanto que nos coló por la patilla el compi de los etarras -seguro que ese mismo texto habría acabado en la basura de haberlo propuesto Rajoy, seguro-. Al menos, eso sí, me quedo con el consuelo de que una papeleta con un NO como una casa entró en la urna de parte mía. Ahora, yo y otros como yo podemos sentirnos ganadores. Eso está bien. 

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