La conjura de los sapos
Cuentan los más viejos de la tierra que me acogió -esta vega que por ser baja y del Segura se despierta murciana y acostase alicantina- que vieron una tarde entre olores de azahar una gran tormenta de granizo, y que al cabo y por sorpresa comenzaron a caer sapos del cielo como escupidos por Dios. También, en alguna ocasión se ha escuchado al huertano recio hablar de que ennegrecía el cielo y caían culebras como chuzos de punta, una expresión muy de la huerta que sin embargo me viene al pelo para definir esa valiente frase pronunciada hasta invadir el campo de la pesadez infantil, por ese periodista con carné de mercenario llamado Gorka Landáburu, que dice ahora estar dispuesto a «comerse algunos sapos si ETA deja las armas».
Claro, lo de los sapos no estaría mal si se los comiese él solito. Yo paso, gracias. Sin embargo, no se atreve a decir qué tipo de sapos está por engullir ya que cada día es uno y siempre más grande que el anterior. Rico, rico. Lo que sí que tiene claro es que el total de la plebe debe hacerlo sólo por el mero hecho de que a él le peta y punto. Quizás no se haya parado a pensar que lo que a él le parecen anfibios anuros comestibles de un bocado, otros lo veamos como aquel reptil ofidio que caía de punta ante los ojos del huertano ancestro. Vamos, una putada de grandes dimensiones, en este caso para eso que se llama la moral o el espíritu del Pueblo.
Pero el menda erre que erre, ¡camarero otra de sapos!. Dicen los expertos que es cuestión de acostumbrar al paladar. Gorka come verde lo mismo que los japoneses medusas. A este paso, y si el proceso dura un año más, nos quedamos sin escuerzos en los ríos, engullidos uno a uno por este comesapos contemporáneo. Que se legaliza ANV, un sapo al buche; que zETAp habla de 'accidentes' y 'conflictos', un par más; que el Gobierno se pone la capucha para negociar con los etarras en plena campaña, media docenita al plato. Y así hasta acabar con la especie. Supongo, aunque sea mucho suponer, que la Ministra de Medio Ambiente tendrá una opinión al respecto. Pues sí, eso sería mucho pedir. Aquí o se conjuran los sapos o este zampabichos acaba con ellos sin el más mínimo cargo de conciencia.
Porque, ésa es otra, no me explico y me lleva tarumba de aquí para allá, que este individuo, licenciado en la escuela goebbelssiana llamada PRISA, utilice un bicho tan feo como el sapo de reclamo publicitario para colocarnos ese proceso de piel escamosa alumbrado al regazo de Polanco. Puestos a mercadear con el término 'Paz', bien podría haber utilizado la palabra 'chorba'. Cojamos las palabras de Gorka y procedamos al fácil ejercicio de la sustitución: estoy dispuesto a «comerme algunas chorbas si ETA deja las armas». Eso ya es otra cosa. Hasta yo, y seguro que muchos, nos lo pensaríamos. Permítaseme la broma.
Pero como entre patentes de corso andamos, la última trata de secuestrar la palabra Paz -un tic franquista en pleno siglo XXI revestido con los ropajes de este socialismo orgánico que nos azota-. Al igual que el 64 (25 años de Paz), esta palabra pronunciada ahora desde la piara progre se rebaja inmediatamente a la categoría de grafismo común. Vamos, igual que orín, retrete, próstata, palitroque, pirindola, pedrusco, tolmo, calitraque, bitrueco y paz... la de los zampasapos. Sálvese quien pueda.
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Ayer le tocó a Navarra, y por ende de nuevo a España, revolverse contra las exigencias integristas de los eusko-nazis etarras y la sospechosa ambigüedad de zETAp. De nuevo la hipocresía de la progresía se quedó colgada de la brocha buscando entre el lodo de sus enfangados pensamientos aguiluchos y algún vestigio ancestral que le permita seguir vendiendo cuerdas y cuchillos.
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De Juana se va a casita y los suyos están contentos. Y yo, ni sorprendido ni asombrado. Hace mucho que dejé de andar con la boca abierta cual tragabolas. Los que venimos denunciando la bajeza moral de este Gobierno, siendo acusados en ocasiones de tremendistas, sabemos que esta cesión al chantaje etarra no es sino un paso más en este viaje al Averno que comanda zETAp -mais zETAp que nunca- y cuyos pasajeros somos todos los españoles.
Aprovechando el tirón de los Oscars de hace apenas unas horas, me imagino a zETAp en un escenario tétrico y plenamente expresionista, encarnado en un maquiavélico farsante de feria que consigue manipular, con la ayuda de su compinche, las mentes de las personas, para realizar todo tipo de desmanes sangrientos. Es la sipnosis de




