Luis del Olmo
El antaño gran comunicador, rey de las ondas y maestro de maestros ha tocado fondo. De aquel gran Luis del Olmo que hizo suya la radio durante tantos años ya no queda ni siquiera la esencia. Al contrario, por sus últimas actuaciones -más cercanas a bufonadas que a comportamientos normales de cualquier persona más o menos cabal- podríamos deducir que nos encontramos ante una persona desnortada y propensa a camuflarse una y otra vez en pasajes y situaciones ridículos sin importarle caer vergonzosamente en un charco de vulgaridad que fomenta en los demás la vergüenza ajena.Lo último del personaje en cuestión, es la obsesión infantiloide que le ha entrado por un antiguo alumno suyo (desmostrado por última vez el pasado sábado en el programa La Noria de Telecinco). De manera rabiosa no pierde oportunidad de morder la yugular de Federico Jiménez Losantos. Quizás porque le fastidia sobremanera verse superado de forma tan humillante por alguien que estuvo bajo sus faldones. Sólo le falta echar espuma por la boca.
Pero no desiste. Preso del odio más visceral y viendo que no puede con aquél, su nueva estrategia consiste en disparar hacia el cielo mientras apunta a los jefes del enemigo, o sea, los obispos: estrategia esta que pone de manifiesto los niveles de degradación en los que retoza el personaje, sin importarle para nada -o al menos eso parece- manchar de manera olorosa el último tramo de su carrera.
Aunque después de verlo poner bombas en campanarios (video 1) y hablar de tú a tú a un FJL virtual (video 2), todo cabe esperar de este alma en pena que ahora se agarra desesperadamente a la oficialidad gubernamental a ver si cae alguna emisora que engorde sus cuentas o adelgace su extravagante y esperpéntica figura.
Por ahora desde la COPE ni repican: señal de que no ofende quien quiere sino quien puede. Y don Luis ya no puede.
Video 1 - Video 2
Etiquetas: Medios, Personajes
"EL problema de España son dos. Uno se llama País Vasco, y es un problema viejo, continuo y sin fin, y a veces, como ahora desde hace treinta años, sangriento y sangrante. El otro se llama Cataluña, que es una antigua erisipela que a veces se encona con erupción y otras veces se inflama pacíficamente como en este caso al salir de las urnas. España se hizo pegando trabajosamente pedazos sueltos, libres, indómitos y guerreros, y hay algunos españoles, sobre todo vascos y catalanes, que padecen la enfermedad del salto atrás, capricho patológico de la naturaleza.
"El Estado debe ser inteligente". Digo yo que, a juzgar por el personaje firmante y la simpleza -por obvia- de la frase, eso debe ser algo así como una especie de muerte dulce; como el astado que, ya moribundo, se acerca tranquilo a tablas para echarse plácidamente. Morir de inteligencia, como es sabido por todos, es el sueño de cualquier español. En el cielo -y esto es un consuelo- debe haber una sala reservada para este tipo de difuntos: Maeztu, Manuel Machado, Galdós, Ortega... o a lo mejor, quizás, Rubalcaba se confundió y donde dijo "el Estado debe ser inteligente" quería decir en realidad "el Estado debe insultar a la inteligencia de la gente", algo, esto último, más acorde al personaje, ya que, a decir verdad, es precisamente eso lo que viene haciendo él desde que escupió sobre la jornada de reflexión de las últimas Generales o, bien pensado, desde mucho antes.
Aprovechando el tirón de los Oscars de hace apenas unas horas, me imagino a zETAp en un escenario tétrico y plenamente expresionista, encarnado en un maquiavélico farsante de feria que consigue manipular, con la ayuda de su compinche, las mentes de las personas, para realizar todo tipo de desmanes sangrientos. Es la sipnosis de 
Viendo la jeta de este individuo que trabaja de portavoz del partido que ostenta el Gobierno se entiende perfectamente aquello de que "la cara es el espejo del alma". 

futbolista defensor de De Juana, Sopena y su panfleto han reaccionado, epilépticos, para buscar y encontrar, cual comadrejas hambrientas, su otro Oleguer para poder contraatacar en defensa del pro-etarra catalán. Y ya lo tienen. Se llama Salva Ballesta, juega en el Levante y su delito es, según Sopena, su "ferviente y rancio nacionalismo españolista". Pero la jugada no sería perfecta sin un pepero de por medio. Miramos por aquí, miramos por allá, y ya lo tenemos. Vicente Martínez Pujalte, Vicepresidente del club levantino y diputado popular que, también según Sopena, forma parte de ese fantasmagórico eje del mal y comete el grandísimo delito de... callar... Epilepsia.

