Bujarrones carroceros
No es que yo pretenda pretender meterme en las pretensiones del pretendido a ser petado por la retaguardia o pretendiente a petador de aquél que pretende así serlo. No. Simplemente me choca el hecho de que el Ministerio de Cultura haya destinado 60.000 euros para ayuda del desfile del Orgullo Gay del pasado sábado en Madrid. Por más que lo intento no veo la cultura por ninguna parte ni mucho menos encuentro el sentido a las palabras de la inculta Calvo cuando afirmó que "la principal libertad es la sexual". Como si la libertad individual la discutiese alguien. Sentido no, pero mucha intención sí que tenía la palabra de la arpía.Dios dispuso el culo, que por algo también se llama trasero, en un lugar de difícil contemplación para uno mismo, por eso yo, que debo ser muy antiguo, no suelo prestarle mucha atención, más bien ninguna. Pero claro, como cada uno es libre de hacer con él lo que le venga en gana y quiera, por mí, como si a la gente le da por decorárselo a base de conchas marinas. Podríamos llamar a la obra resultante "trasero marinero" y quién sabe si en un futuro no muy lejano -y con ayuda de la Ministra- el Guggenheim se decide a abrir una sala con muchos de estos culos tocados por la divina mano de la cultura. El que suscribe, y seguro que algunos más -y no es por joder- preferimos seguir manteniendo nuestra popa a buen recaudo sin someterla a ciertos experimentos artísticos. Digo yo, que ni una cosa ni la otra atenta contra las libertades. Carmencita "Pixie and Dixie", aquí nadie pone en duda eso.
Y es que no hay peor sordo que el que no quiere oír. La fórmula ya estaba escrita: Por la libertad: promiscuidad y alcohol. Una extraña manera de justificar el metesaca y el botellón al tiempo que supuestamente se lucha por nuestras libertades. Hippies de color rosa: carcas, muy carcas. Saben que hoy día eso de salir del armario ya no tiene nada que ver con la defensa de la Libertad, más bien ha pasado a formar parte de ese progresismo de mercadillo que promociona la cosa. Cuando esa supuesta transgresión con que visten la bicha pierde su razón de ser y entra a formar parte de los Presupuestos del Estado siendo subvencionada vía ministerial, pierde todo su sentido y aterriza de lleno en ese mundo friki que tiene como lugar común simplemente su particular percepción de la sexualidad, ante la cual -atendiendo al recurrente razonamiento del ¿y por qué no? - el incesto también podría ser válido a ojos de la fanática militancia arco iris. La cultura, sin embargo, es un factor artificialmente añadido para darle cierta consistencia a la bolsa de aire.
Pero ideologías políticas al margen y viendo la capacidad cerebral exhibida por algunos participantes en tan patética marcha, crece en mí el orgullo de ser hetero y me alegro de quedarme en simple observador de aquella movida friki-lúdica. Porque no hay nada más friki-lúdico que un friki-gay subido en una carroza, que ya de por sí es originalmente lúdica. Además, nadie podrá decir que las más de 40 carrozas que desfilaron el sábado por las calles de Madrid hayan supuesto para nuestros retoños un ejemplo de comportamientos a seguir. Más bien todo lo contrario. Digan lo que digan, en estos eventos las drogas forman parte de la decoración colorista del paisaje. Los que hemos sido carne de parking mañanero lo sabemos, aunque siempre, para contrarrestar la verdad, aparezcan los abanderados del movimiento para desmentir lo obvio y llevarlo al terreno de la mitología callejera. Todo, por supuesto, en aras de la protección de tan suculento negocio. Su negocio.
Y al final, como siempre y como suele suceder con todo, estoy seguro de que habrán justos que paguen por los actos de estos bujarrones carroceros encargados de transmitir a la sociedad tan lamentable estampa. Menos mal que esa imagen, como la de los parkings bakalas, no representan la España real. O por lo menos eso creo yo.
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